La Verdad Para El Mundo

Capítulo 4 - Nuestra norma de autoridad en la religión

Para poder estar de acuerdo en la religión, debemos tener las mismas reglas que seguir. Si seguimos reglas diferentes, nunca podremos estar unidos. Primero discutiremos lo que no es nuestro estándar de autoridad. No son nuestras opiniones. Hay camino que al hombre le parece derecho; pero su fin es camino de muerte (Proverbios 14:12). Si nuestras opiniones fueran el estándar de autoridad en la religión, habría más de cinco mil millones de estándares de autoridad en este mundo.

Lo que la mayoría piensa no es nuestra autoridad en la religión (Mateo 7:13-14). Jesús nos dice que sólo hay dos caminos que podemos viajar. Viajaremos por el amplio camino que conduce a la destrucción, o por el camino estrecho que conduce a la vida. ¡No todos los caminos conducen al cielo! Hay un camino correcto y un camino equivocado. Como dijo el escritor Jeremías, Conozco, oh Jehová, que el hombre no es señor de su camino, ni del hombre que camina es el ordenar sus pasos (Jeremías 10:23). Si queremos viajar de Nueva York a California, no viajamos al noreste. Tenemos que viajar por el camino correcto para ir al lugar correcto. Tenemos que seguir la hoja de ruta. No decimos: “Bueno, se siente bien para mí”.

Las tradiciones de nuestros antepasados no son la autoridad en la religión. Jesús dijo, ¿Por qué también vosotros quebrantáis el mandamiento de Dios por vuestra tradición? … Así habéis invalidado el mandamiento de Dios por vuestra tradición. Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, cuando dijo: Este pueblo de labios me honra; mas su corazón está lejos de mí. Pues en vano me honran, enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres (Mateo 15:3, 6b-9). El apóstol Pedro agregó, sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación, ya destinado desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postreros tiempos por amor de vosotros (1 Pedro 1:18-20). Una vez más, si las tradiciones fueran nuestra guía en la religión, habría miles de normas de religión.

Celo o sinceridad no es nuestro estándar de autoridad. Pablo escribió acerca de los judíos,

Hermanos, ciertamente el anhelo de mi corazón, y mi oración a Dios por Israel, es para salvación. Porque yo les doy testimonio de que tienen celo de Dios, pero no conforme a ciencia. Porque ignorando la justicia de Dios, y procurando establecer la suya propia, no se han sujetado a la justicia de Dios (Romanos 10:1-3)

El apóstol Pablo fue uno de los individuos más celosos y sinceros que jamás haya vivido, pero su celo y sinceridad no fueron suficientes para salvarlo. Todavía tenía que obedecer los mandamientos de Dios.

El apóstol Pablo también nos ayuda a saber que nuestros sentimientos y nuestra conciencia no son nuestra guía en la religión (Hechos 26:9; 23:1; 24:16). Esta es una de las principales razones por las que la gente se divide en muchas religiones diferentes. Ellos siguen sus sentimientos y su conciencia en lugar de la palabra de Dios. Nuestra conciencia es sólo una guía segura cuando es guiada por la palabra de Dios.

Los credos denominacionales no son el estándar de autoridad en la religión. De hecho, los credos denominacionales causan gran parte de la división religiosa en el mundo. Si un libro tiene más en él que la Biblia, es demasiado. Si un libro tiene menos que la Biblia, es muy poco. Si tiene exactamente lo mismo que la Biblia, no lo necesitamos porque ya tenemos la Biblia. La Biblia nos dice que no debemos añadir, quitar o cambiar la palabra de Dios (Deuteronomio 4:2, Apocalipsis 22:18-19, Gálatas 1:6-9).

Nuestra norma de autoridad: La palabra de Dios

Jesús dijo: conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres (Juan 8:32). La verdad es nuestro estándar de autoridad en la religión. Jesús añadió: Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad (Juan 17:17).

Pedro escribió:

Habiendo purificado vuestras almas por la obediencia a la verdad, mediante el Espíritu, para el amor fraternal no fingido, amaos unos a otros entrañablemente, de corazón puro; siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre … Mas la palabra del Señor permanece para siempre. Y esta es la palabra que por el evangelio os ha sido anunciada (1 Pedro 1:22-23, 25).

Pablo escribió:

Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra (2 Timoteo 3:16-17).

Él añadió, a lo cual os llamó mediante nuestro evangelio, para alcanzar la gloria de nuestro Señor Jesucristo (2 Tesalonicenses 2:14), y también dijo, Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego (Romanos 1:16).

Es la verdad, la palabra de Dios, el evangelio, las escrituras que son nuestro estándar de autoridad en la religión. Es cuando seguimos las escrituras y las escrituras solamente que agradamos a Dios y somos capaces de recibir sus bendiciones.

Scripture taken from the Reina Valera 1960. El texto Bíblico ha sido tomado de la versión Reina-Valera © 1960 Sociedades Bíblicas en América Latina; © renovado 1988 Sociedades Bíblicas Unidas. Utilizado con permiso.